Universidad
Politécnica de Madrid

“Tengo la suerte de haber pintado siempre lo que he querido”

Considerado uno de los mejores pintores realistas de todos los tiempos, Antonio López ha elegido la ETSI Civil de la UPM para pintar una nueva panorámica de Madrid. En esta entrevista nos habla de su obra, de la ciudad y de cómo ve la sociedad.

23.12.2016

“Pintar me ha mejorado como persona”. Así explica Antonio López, considerado como el genio de la luz y uno de los mejores artistas del hiperrealismo a nivel mundial, lo que para él significa pintar un cuadro. A sus 80 años, nos recibe en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Civil de la Universidad Politécnica de Madrid, donde está trabajando desde el pasado mes de julio en una nueva panorámica de Madrid, “su Madrid”, ese que se ha convertido en un motivo presente en la mayoría de sus obras.
Ilusionado con esta nueva obra, recuerda que la primera vez que pintó una panorámica de la capital lo hizo desde un edificio de la calle Francisco Silvela, conocido por estar coronado por un letrero de Iberia. “En su momento era uno de los edificios más altos de la ciudad y las vistas me impresionaron”, asegura. Desde entonces, Madrid  no ha dejado de aparecer en sus cuadros, una presencia constante de la que no puede ni quiere desligarse.

“La ciudad es algo que me ha atraído siempre y por ello en mi pintura, el tema urbano aparece muy pronto”, explica. “La vida me ha situado en Madrid y en Tomelloso y esos son los lugares que se reflejan en mi obra desde sus inicios. Son ciudades con las que tengo un vínculo afectivo, me transmiten un sentimiento, las conozco. Podría pintar lugares extraordinarios, como Nueva York, una ciudad exquisita con una forma extraordinaria de construir y organizar el espacio. Sin embargo, tendría que trabajar a base de fotografías y el resultado no sería el mismo”, explica.

Y es que, para Antonio López, el sentimiento es un elemento más de su pintura, algo que llama a la sensibilidad del artista y sin lo que él no concibe el papel del pintor. “En el arte, el hombre siempre ha tendido a describir lo que conoce. Hay otros lugares interesantes, pero no son parte de mí a nivel personal. Puede que la vista actual que estoy pintando de Madrid no sea tan maravillosa como otras ciudades, pero para mí es maravillosa porque me suscita una emoción”.

Ese sentimiento está también en la respuesta de por qué escogió la ETSI Civil de la UPM para pintar su cuadro, algo que ya hizo en 1965 cuando su amigo Antonio Fernández Ordoñez, le sugirió este lugar para pintar una panorámica. “Cuando volví a la Escuela, esta vez invitado por el hijo de Fernández Ordoñez, la ventana del aula no había cambiado nada. Al asomarme, la emoción que me produjo la vista fue la misma que hace 50 años y supe que tenía que volver a pintar desde aquí”. El lugar es el mismo, pero lo que se ve a través de él sí ha sufrido cambios. Modificaciones que Antonio López plasma con precisión en su nuevo cuadro, en el que trabaja a conciencia.

La vista ha cambiado muchísimo. Antes se alternaban las edificaciones con el campo. Ahora, vemos un Madrid mucho más edificado, en el que todo está ocupado por el hombre, hasta el punto de que hay fragmentos del cuadro que ya no reconozco. También reconozco que me ha impresionado mucho el nivel de contaminación y cómo influye en la luz”.

Una pintura más minuciosa

También él ha cambiado. Cincuenta años después reconoce que su vista ya no es lo que era, pero que aún así su pintura es “mucho más detallada y minuciosa”. Y nos lo demuestra comparando sus antiguos cuadros con los más actuales.

Ahora cuido más las proporciones. En los primeros cuadros trabajaba a ojo de buen cubero. Ahora soy más concienzudo. Además de plasmar lo que ve el ojo, trato de tomar medidas y respetar las proporciones para que todo quede lo más ajustado a la realidad posible. Por eso el primer cuadro que pinté de Madrid se terminó en un mes, mientras que el resto se han eternizado. Ahora valoro el detalle como un elemento más a la hora de explicar y plasmar cómo es la ciudad. En los primeros cuadros, se percibe una sensación, una impresión, que es de lo que trata el impresionismo. Al tener menos detalles, los elementos centrales del cuadro, los que te impresionan, quedan muy bien definidos. Ahora soy más realista y cuando el cuadro se carga de detalles, cuesta más arrastrarlo y llevarlo al final porque cada figura necesita una atención especial”.

Pese a que pintar la ciudad siempre ha sido lo que ha querido hacer y lo que le ha llenado de entusiasmo, a sus 80 años Antonio López reconoce que hay algo que se le ha quedado en el tintero y que le hubiera gustado abordar: pintar desnudos. “Este tipo de pintura es algo muy difícil de encontrar en España. Velázquez o Goya solo tienen un desnudo cada uno. Son los dos desnudos de la pintura española hasta el siglo XIX. Es algo que hay que hacer y que a mí me gustaría. Lo tengo pendiente como algo que he rozado, sobre todo con la escultura, pero que no he trabajado en la amplitud que deseaba. En el resto de campos puedo decir que he tenido la suerte de hacer siempre lo que he querido”, explica.

No le sucede lo mismo, explica, con la abstracción, un campo que valora pero que no siente como suyo: “Llegar a ese tipo de pintura ha supuesto miles de años pero había que llegar. Era algo necesario. Del mismo modo que han llegado la luz eléctrica o la penicilina ha llegado la abstracción. Es una forma de reivindicar la capacidad que tiene la pintura para emocionar por sí misma, sin necesidad de temáticas ni detalles, solo con unas formas y unos colores. Ese reconocimiento del valor de la pintura por sí sola ha entrado en todos los pintores, incluso en los que no practicamos la abstracción”.

Y, ¿a qué se debe el hecho de que la pintura en España no haya abordado temas como la ciudad o el desnudo hasta muy tarde? Para el artista, la respuesta hay que buscarla en la falta de libertad con la que vivían los pintores españoles por el encargo, una situación, asegura, que no ha permitido a la pintura desarrollarse en todo su esplendor hasta pasados varios siglos, a diferencia de lo que ha sucedido en otras disciplinas.

“El encargo ha coartado mucho al arte español. Ha ocupado demasiado espacio y ha llevado a los artistas a centrarse en lo religioso y los retratos. Los desnudos y las ciudades, aunque fueran temas que interesaban, han quedado relegados porque ha habido una presión muy fuerte. Siempre ha habido un motivo para que el artista no se colocase donde quería colocarse”, explica. Y añade que esta exigencia es también la causa de que mucha de la pintura religiosa que hay en nuestro país no tenga la “brillantez” de la de otros lugares.

Solo desde las restricciones se explica por qué aquí hay tanta pintura religiosa tan mala. Pintar siempre sobre motivos religiosos puede no coincidir con lo que deseas hacer. Eso ha pasado factura especialmente a los pintores. En la arquitectura, a mi parecer, se ha traicionado menos la voluntad del creador. Un artista como Zurbarán tenía que estar hasta las narices de hacer series sobre los santos, de ver el mundo y no poder hacer nada respecto a ello. El hombre siente y padece por lo que le rodea, no es natural estar hablando todo el día de Dios y eso se ve también en la poesía, donde el ser humano siempre ha sido el motivo fundamental”.

Un mundo cada vez más desconocido

Referente en la pintura de las ciudades, al ver cómo ha influido en ellas el paso del tiempo, Antonio López también ha vivido los cambios que se han producido en la sociedad. Una nueva forma de vivir en la que muchas veces, manda “la chapucería”.

“Me duele ver cómo nuestros políticos no hacen las cosas como las tendrían que hacer y las injusticias tan tremendas que hay, que no son nada comparadas con las que hay en otros lugares, pero que aun así están presentes. Esa obsesión por el dinero y ver cómo la gente arrima el ascua a su sardina de una manera tan descarada es algo que me desilusiona. Ya no hay maquillaje para ese interés desmedido”, cuenta con un cierto pesimismo. “Cuando los poderosos dejen de tener las ventajas actuales y sufran los problemas reales, nos daremos cuenta de que hay que cambiar y que hay que hacer bien las cosas para todos y no solo para algunos. Puede que no se llegue a esa conclusión por propia voluntad, pero llegará un punto en el que la conveniencia o el sentido común lo impongan”.

Pese a todo, asegura ser feliz y disfrutar viendo cómo se ha avanzado en algunos campos. “A pesar de todo, el mundo sigue adelante y la ciencia avanza y nos echa una mano enorme. Lo de menos es llegar a Júpiter o no llegar, pero hay enfermedades que se han erradicado y vivimos sin esa nube negra y amenazante de que una persona joven se pudiera morir por una pulmonía, algo que podía ocurrir cuando era joven”.

En sus “ratos libres”, esos que prácticamente ya no tiene entre cuadro y cuadro, Antonio López disfruta enseñando a los más jóvenes, poniendo su granito de arena para que la pintura siga teniendo grandes nombres en nuestro país. Sin embargo, reconoce que la enseñanza está masificada y que echa de menos una mayor presencia de pintores y artistas de renombre en el ámbito docente.

“Mucha gente del mundo del arte no está en la enseñanza porque no lo desea. Esto es algo nuevo. Antes el pintor o el escritor tenían que tener tareas de ayuda económica, no les sobraba con su trabajo. Ahora ha cambiado. Pero también da la sensación de que el mundo de la enseñanza no quiere saber nada de ellos. No los llaman, aunque en muchos casos ni siquiera pedirían dinero. Eso va en contra del futuro de nuevos talentos. Esa participación de artistas reconocidos, que no tiene por qué ser solo pintores, sino gente que pertenezca al mundo del arte en general, debería ser algo obligatorio en las enseñanzas de Bellas Artes”.

El mundo a través del arte

Esos mismos ratos libres serían también buenos para viajar, pero es algo que Antonio López no hizo de joven “porque antes ni había hábito ni se tenía dinero para ello”. Ahora, contemplar el mundo a través del arte es algo que le ayuda a disipar la nostalgia que podría tener por ello. “No he podido ver todas las cosas que hubiera querido, pero es verdad que gracias a Dios, hay muchas esculturas y arte de otros países en museos de Occidente y he podido verlo. He conocido mucho arte y sigo disfrutando de él a través de los libros. Hay cosas que no he podido ver y no veré nunca pero lo importante es que las obras se hayan hecho y sigan maravillando a la gente que las ve”, cuenta vivaracho. Y añade “a lo mejor un día me animo y voy a ver grandes obras al extranjero”, pero añade antes de finalizar, una reflexión que muestra lo enamorado que está del arte este artista con mayúsculas. “Lo importante es que esas obras tan extraordinarias se hayan hecho y que no hayan desaparecido. Cuánto arte se ha perdido y se ha destruido por guerras, en nombre de la religión… Con lo difícil que es hacer cosas tan extraordinarias”.

Extraordinarias obras que, como sus pinturas y como lo que nos cuenta en esta entrevista, sobrevivirán a través de los siglos para dar testimonio de cómo los artistas de un tiempo determinado vivieron la realidad porque, como él mismo asegura: “lo dicho, dicho queda”. Y con sus pinturas, lo que perdurará generación tras generación es el modo en el que ha visto y percibido Madrid y la realidad, esta vez, a través de una de nuestras escuelas, el mejor pintor realista que ha tenido España en el último siglo.