“El aula sigue siendo un escenario de resiliencia”

La reconocida artista Analia Segal ha pasado por la UPM, gracias a una beca Fullbright, y ha compartido con el alumnado del Centro de Diseño de Moda de Madrid su experiencia docente basada en el lenguaje, la cultura, la identidad y el proceso creativo.

07.02.24

La Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y, en concreto, el Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid (CSDMM), adscrito a nuestra universidad, ha engrosado su talento con la presencia de Analia Segal. Esta artista plástica interdisciplinar, nacida en Buenos Aires pero residente en Nueva York desde hace 25 años donde imparte clase en la escuela de arte Pratt Institutte, ha pasado mes y medio en la UPM gracias a una de las becas que ofrece el programa Fulbright Specialist, que permite que profesores y expertos de alto nivel impartan talleres y realicen investigaciones en otras instituciones académicas.

Sin embargo y debido a un año sabático, su paso por nuestro país se alargó casi tres meses lo que permitió a esta reconocida artista disfrutar del “profundo tejido cultural de Madrid” y disfrutar de una experiencia de “reinmersión al español”, su lengua materna, lo que ha quedado muy patente en los talleres que realizó junto al estudiantado del CSDMM que tuvo la suerte de disfrutar de su docencia. Una experiencia que ella misma califica como “absolutamente positiva tanto en lo personal como en lo profesional”.

Pregunta.- ¿Qué le lleva a pedir una beca Fullbright y porqué el Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid de la UPM?

Respuesta.- Siempre creí en una triple articulación de mi práctica profesional, en la cual la enseñanza, la investigación y la creación se entrelazan y entretejen en una trama altamente individualizada y personal. Su síntesis es esencial, y representa una guía detrás de todo mi trabajo realizado tanto en el marco de mi estudio como en el aula.

Conocí al director del Centro, Guillermo García Badell, en 2019, durante la defensa de la tesis doctoral ‘La metáfora de la piel’, de Andrea Saltzman, quien cita mi obra en el capítulo ‘El cuerpo del proyectista’. Conozco y admiro profundamente a Andrea por su talento, sensibilidad e increíble habilidad de explorar e integrar moda, arquitectura, arte y danza en su investigación y actividad académica. Andrea no solo representa mi vínculo inicial con el CSDMM sino que, además, despertó mi interés latente por comenzar el Programa de Doctorado. De alguna manera, me encuentro siguiendo sus pasos y abriendo la posibilidad de conocer al maravilloso equipo de profesionales del Centro con el que espero seguir expandiendo las conversaciones sobre los desafíos existentes para potenciar los caminos del aprendizaje creativo y su rol en la sociedad.

P.- ¿Cuáles fueron los principales proyectos que desarrolló en su estancia en el CSDMM?

R.- El foco fue el taller ‘cuerpo@cuerpo, trazados, senderos y surcos’, realizado en conjunto con estudiantes del curso Fundamentos 1. La experiencia consistió en una serie de ejercicios basada en el concepto de mapear, entendida como una actividad que permite la construcción de sentido, en la triple acepción de la palabra: tiene su marca en la sensibilidad, orienta y habilita la comprensión y, desde ahí, descubre, interroga, reescribe narrativas y permite crear una nueva morfología social y geografía simbólica.

El foco estuvo puesto en generar un espacio para estimular la búsqueda de soluciones creativas con fundamento dialógico, planteando preguntas y soluciones humanistas significativas y conectadas con el entorno inmediato, sociedad y medio ambiente.

Estudiantes en el taller ‘cuerpo@cuerpo, trazados, senderos y surcos'

P.- ¿Qué es lo que más destaca destacaría de este taller?

R.- Sin duda la apertura inmediata, la confianza y generosidad de los estudiantes al sumarse a este ejercicio que escapaba del programa habitual. Sin su entusiasmo por participar hubiese sido imposible concretarlo satisfactoriamente, ya que concebí el taller como un encuentro entre huésped y anfitrión —basado en el concepto de hospitalidad—, una zona liminal que estimula la curiosidad y, a la vez, permite el cambio y el intercambio.

La “deriva”, en este caso en la zona de Vallecas (a la vez tan cerca y lejos del campus), abrió las posibilidades al diálogo interno y externo, convirtiéndose en la metáfora del proceso creativo. Cada estudiante eligió un método diferente para “grabar” la experiencia: dibujo, palabra escrita, hablada, video, fotografía, etc. De este modo, cada uno generó un archivo de la experiencia, que luego tradujo en un mapa digital.

P.- Otra de los proyectos que tuvimos la suerte de disfrutar durante su estancia fue la colaboración con la flamencóloga María Cabrera: “Spinning a yarn: proyecto M manto@madrid [a connective tissue]”, ¿qué destaca del mismo?

R.- Esta nueva versión de mi obra ’Spinning a yarn’ me permitió expandir el vocabulario formal y conceptual del “manto”, objeto que inicialmente construí para la performance con el bailarín y coreógrafo americano David Thomson, durante mi muestra individual Contra la pared, realizada en el Aldrich Contemporary Art Museum de Ridgefield, Connecticut, en el 2018.

El proceso de colaboración se convirtió en una plataforma de indagación que nos permitió crear un espacio poético. Un diálogo entre el diseño, la escultura, la danza y la palabra, para crear una coreografía como un “texto flotante” encarnado o con_movedor, aludiendo a su doble significado de emoción y movimiento. Esta cualidad permite el despliegue de diferentes dimensiones ya que deconstruye y amalgama tres arquetipos femeninos mitológicos de ficción y dancísticos como son Artemisa, la Mujer Maravilla y una bailaora de flamenco.

P.- Un punto de inflexión en su carrera es el traslado de Buenos Aires a Nueva York en el año 1999, ¿cómo se refleja el concepto de mudanza/hogar en su obra?

R.- Ser inmigrante —así como la experiencia de mi primer trabajo en Nueva York como intérprete de español dentro del sistema judicial, previo a los comienzos de mi carrera como educadora— fue el trampolín para examinar, a través de la obra, temas como la diáspora, la identidad y la diversidad cultural. Esta indagación implicó la utilización de diferentes superficies, materiales y medios: escultura, fotografía, video, performance e instalaciones.

Mi proyecto de investigación actual, que comenzó en 2019, se encapsula en el concepto de unruly m_OTHER tongue (una lengua madre desobediente). Se extiende del estudio al aula, y se basa en mi punto de vista del lenguaje como un organismo de fibras vivas e interconectadas, arraigadas en mi práctica interdisciplinaria e interés por el aprendizaje, la lingüística cognitiva y la semiótica. Busco reflexionar y entender cómo el lenguaje se encarna en el cuerpo.

La artista con estudiantado del CSDMM

P.- ¿Qué papel juega la universidad y, por tanto, su papel docente e investigador, en su obra?

R.- Como artista y educadora bilingüe creo que la enseñanza es un espacio de servicio y activismo social a través del cual podemos explorar los aspectos fenomenológicos, poéticos, estéticos, políticos y éticos de la experiencia humana. La pandemia fue un punto de inflexión para repensar el cómo y porqué estaba enseñando y creando. El hecho de volver a mi lengua materna durante esos meses de aislamiento y distanciamiento forzado me dio la oportunidad de experimentar y repensar en la posibilidad de la utilización del lenguaje para crear un nuevo marco en torno a la enseñanza y el aprendizaje. De este modo decidí reemplazar el concepto de “dead_line” (que implica la idea de fecha límite como objetivo y destino del proceso de aprendizaje) por “entrega” y, desde ese punto, repensar el andamio pedagógico. Esta idea la explico en detalle en un artículo publicado en la revista Prattfolio.