COP26 de Glasgow: más sombras que luces

César García Aranda, profesor de la ETSI en Topografía, Geodesia y Cartografía, tras participar en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático analiza las conclusiones del encuentro y el papel de la UPM en este contexto global.

22.11.2021

A los pocos días de terminar la COP26 en Glasgow el sentir entre los diferentes actores de todo el mundo que han participado en este evento tiene un marcado carácter agridulce.

En primer lugar, conviene contextualizar la COP26. Retrocediendo en el tiempo a diciembre de 2019 nos encontramos con la COP25 -que finalmente se celebró en Madrid- tras el traslado de sede desde Chile. En ese momento, aún no imaginábamos a nivel global todo lo que sucedería a lo largo del 2020 derivado de la pandemia de la COVID-19. Este hecho llevó a posponer la conferencia de Glasgow hasta el 2021.

La celebración con retraso de la COP26, unida a las consecuencias globales de la COVID-19, y la sensación de urgencia de medidas reales frente al cambio climático, ha convertido esta conferencia en un evento muy mediático y de interés global. Probablemente la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático más seguida de la historia, lo cual podría considerarse como un primer éxito.

Entre el 31 de octubre y el 13 de noviembre se ha desarrollado la COP26 en modalidad presencial, un gran reto en este momento dada la diversa procedencia de los participantes. Más allá de ciertos problemas de organización y acceso a las instalaciones, todo se ha desarrollado con relativa normalidad. Sin embargo, determinados grupos han destacado su falta de participación o representación en las negociaciones, tales como los jóvenes, los colectivos minoritarios (por ejemplo, los pueblos indígenas) o las partes que asisten como observadores de todo el proceso (asociaciones y ONGs, entre otros).

Estas dos semanas han sido intensas y casi retransmitidas en tiempo real por los medios de comunicación, y en paralelo por muchos de los participantes haciendo uso de las redes sociales.

Documento final ‘Glasgow Climate Pact’

Tras largos días de reuniones, debates, ponencias, y sobre todo negociaciones entre las partes, se ha llegado al acuerdo de un texto final denominado ‘Glasgow Climate Pact’. El principal foco del documento se centra en mantener vivo el objetivo de no superar el límite de 1,5 °C de aumento de la temperatura media superficial y finalizar la concreción y ejecución de los aspectos pendientes del Acuerdo del Clima de Paris (2015).

Muchos de los países y organizaciones participantes esperaban llegar a un acuerdo más claro y concreto, con el foco en la reducción del uso de los combustibles fósiles, que incluyera la mención directa a la no financiación ni subsidios para la extracción, concretamente para el caso del carbón. Sin embargo, las negociaciones internacionales tienen muchas variables e intereses y aún hay importantes países dependientes de esta fuente de energía (por ejemplo, India), de ahí que el resultado final esté más en la línea de caminar en esa dirección, sin una meta estricta en el corto plazo.

A modo de resumen se pueden citar algunos aspectos clave que han estado presentes en los debates de la COP26 y que marcan el camino para los próximos años:


- La importancia de las finanzas en un doble sentido, disponer de un fondo global de apoyo para la transición de los países con menos recursos económicos. Y al mismo tiempo, focalizar la inversión a gran escala hacia tecnologías más sostenibles y menos emisoras de gases de efecto invernadero.
- El papel clave de la adaptación al cambio climático. Hasta el momento este aspecto siempre destacado desde Naciones Unidas había quedado en un segundo plano y ahora cobra especial importancia. Todos los países deben acelerar su estrategia de adaptación al cambio climático, y de nuevo, los estados más afectados por los efectos del clima y con menor capacidad de repuesta solicitan un fondo de apoyo a estas medidas.
- La mitigación sigue siendo el eje principal de acción para alcanzar el objetivo, cada vez más complejo, de no superar el 1,5 °C de incremento de la temperatura media. Se insta a los países a revisar y actualizar con ambición sus compromisos nacionales (NCDs), en línea con el Acuerdo del Clima de París y avanzar a la mayor velocidad posible hacia el concepto de balance cero de emisiones (net zero emissions).
- La acción fundamental de la ciencia y la tecnología. Por si quedaba alguna duda, la COP26 ha destacado la importancia de que la ciencia siga siendo el referente mundial para conocer el cambio climático y sus efectos, y que las decisiones políticas y técnicas se basen en los modelos científicos. Al mismo tiempo, se ha destacado la importancia de que la tecnología y las soluciones innovadoras se potencien al máximo en todos los países, y aquí surge como concepto clave la transferencia de esa tecnología entre estados y regiones, sobre todo desde el ámbito más tecnológico hacia las comunidades locales para su implementación real.
- El efecto de las pérdidas y daños asociados al cambio climático. Estos últimos años los avisos a nivel global se han acentuado y los efectos ya están aquí, los costes anuales por daños, compensación de seguros y pérdidas económicas crecen progresivamente. Las grandes compañías aseguradoras ya avisan del efecto de los mismos sobre las finanzas a nivel global. Y al mismo tiempo, los países más afectados advierten de las consecuencias derivadas de estos efectos en sus regiones: pobreza, migraciones, conflictos y desequilibrios geopolíticos, que se pueden ir propagando, poco a poco, por grandes áreas del planeta.
- Las soluciones basadas en la naturaleza emergen como una respuesta que, aunque puede parecer obvia para todos los expertos en medio natural y ecosistemas, ha logrado consolidarse globalmente. Mantener y aumentar la biodiversidad, restaurar los ecosistemas, re-naturalizar las ciudades, proteger los ecosistemas costeros y marinos, y frenar la deforestación global, son medidas clave para responder frente al cambio climático, y además mejorar muchos otros ámbitos de nuestra vida.


La Universidad Politécnica de Madrid y el cambio climático

Tras esta visión de conjunto, es interesante reflexionar sobre el papel que podemos jugar desde la Universidad Politécnica de Madrid en los próximos años. Sin lugar a dudas, son muchos los grupos de investigación, profesores, estudiantes y personal de administración y servicios que ya están trabajando desde hace años en este contexto, y seguro que irán en aumento en los próximos años. Principalmente, porque la Unión Europea tiene una hoja de ruta muy clara, y eso está llevando a que los fondos europeos en todas sus líneas estén vinculados directa o indirectamente con muchos de los aspectos del cambio climático.

En la COP26 las universidades y centros de investigación han estado muy presentes. Desde la UPM, gracias a la diversidad de áreas de conocimiento e investigación y un entorno de trabajo multidisciplinar, nuestros resultados y soluciones pueden alcanzar muchos de los ámbitos clave de trabajo, desde la propia gestión de la energía y sus alternativas, pasando por el diseño de procesos, materiales, edificaciones e infraestructuras, que articulan la respuesta frente a la mitigación. Y como también indicábamos se abren muchos otros ámbitos, la gestión natural y forestal, la producción de alimentos, la propia gestión del agua, la economía circular, y en el ámbito urbano: la movilidad, las comunicaciones y servicios, los productos de consumo cotidiano, nuestros propios hábitos saludables, etc. En un mundo global, también es clave incluir el comercio, el transporte de mercancías: naval, aéreo y por carretera. Y todo conectado con el ámbito TIC: la gestión de la información, el conocimiento de nuestro territorio y los cambios que en él suceden, la modelización hacia escenarios futuros y nuestra respuesta para adelantarnos a esos cambios.

Un aspecto transversal a todo este contexto, que no puede faltar en nuestra universidad es la educación y formación de los estudiantes en este contexto, hay que seguir apostando y mejorando las competencias y contenidos de las titulaciones en este ámbito, pues muchos de los egresados van a trabajar en ello, o bien, tendrán que adaptar su actividad laboral a los efectos del cambio climático.

Para terminar, me gustaría destacar una reflexión final. Tras tantos debates, negociaciones e intereses encontrados, en los que la visión económica a corto plazo en muchas ocasiones es la predominante. Tras haber estado en la COP26, entre tantos y tantos participantes, no deberíamos olvidar que lo fundamental somos las personas. Y ese podría ser el resultado más positivo de esta conferencia, la falta de ambición y visión a medio y largo plazo se puede compensar con nuestra actitud diaria, laboral y personal. Uno de nuestros mayores impactos en la UPM somos las propias personas que integramos esta universidad. No olvidemos que ahí sigue estando nuestra gran capacidad de acción, porque además influimos directamente en nuestro entorno, familia y amigos, otros compañeros, en nuestros barrios y comunidades, incluso somos capaces de llevar los resultados de nuestras acciones a otros países y contextos. Trasferencia, innovación, cooperación y compromiso son palabras clave en nuestra acción diaria frente al cambio climático.