¿Qué ruta es más silenciosa? Una nueva herramienta de la UPM permite saberlo

Investigadores de la UPM han desarrollado y validado una metodología que permite estimar la exposición al ruido de tráfico urbano que experimentamos al movernos por la ciudad.

¿Y si al elegir una ruta en Google Maps o al revisar tu entrenamiento en Strava, también pudieras saber cuánto ruido has soportado? ¿Y si más allá de elegir el camino más corto o más rápido, tuvieras la opción de escoger el más silencioso? Gracias a una nueva herramienta desarrollada por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), esa posibilidad está cada vez más cerca. 

Un equipo de investigadores de la UPM, liderado por César Asensio, profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería y Sistemas de Telecomunicación de la UPM y miembro del grupo de investigación I2A2 – Instrumentación y Acústica Aplicada, ha desarrollado y validado una metodología que permite estimar la exposición al ruido de tráfico urbano que experimentamos al movernos por la ciudad. Ya sea a pie, en bici o corriendo, esta herramienta —basada en datos públicos y modelos acústicos— permite estimar cuánto ruido soportamos en función de la ruta, el momento del día y el entorno urbano por el que transitamos. 

Este avance ha sido publicado en la revista científica Applied Acoustics de Elsevier, bajo el título A methodological framework for urban noise exposure assessment exploiting citizen itineraries and environmental noise maps

 https://doi.org/10.1016/j.apacoust.2025.111114.

A diferencia de los modelos tradicionales de exposición al ruido —centrados casi exclusivamente en el lugar de residencia— esta nueva metodología adopta una perspectiva mucho más realista: la movilidad diaria de las personas. Porque no nos pasamos el día encerrados en casa, sino moviéndonos por entornos sonoros muy diversos. Esta herramienta permite cuantificar esa exposición acústica "en movimiento", algo que hasta ahora solo podía hacerse mediante sensores individuales.

¿Cómo funciona? A partir de rutas reales, como las que generan los usuarios en plataformas como Strava o Wikiloc, o simuladas en plataformas como Google Maps o Brouter, el sistema cruza esos itinerarios con mapas estratégicos de ruido (como los que exige la normativa europea a las grandes ciudades), y estima el nivel de exposición a lo largo del trayecto. El modelo incorpora variables clave como el horario, la duración del recorrido y la tipología urbana del entorno (vías principales, zonas verdes, calles secundarias, etc.). 

Se trata de estimaciones basadas en datos estadísticos, como los niveles de ruido promediados por franjas horarias, días del año y meses, obtenidos de redes municipales de monitorización. Aunque no refleja la exposición exacta minuto a minuto —algo que dependería de mediciones en tiempo real—, el sistema ofrece una estimación razonable y representativa del ruido al que está expuesto un usuario que recorre una ruta, cuando en esta se dan las condiciones habituales. 

Esta herramienta tiene un enorme potencial tanto para el ciudadano como para la gestión urbana. En el plano personal, podría integrarse en plataformas de navegación y deporte para ofrecer una nueva capa de información: el confort acústico. De esta manera, convierte al usuario en un agente activo que puede monitorizar o modificar su exposición al ruido. Imagina que, al planificar una salida a correr, puedes elegir una ruta por parques y calles secundarias que minimice el ruido al que te expones. O que puedas evitar trayectos especialmente ruidosos camino al trabajo. Incluso podrías consultar después cuánta exposición acumulaste en tu recorrido. 

Pero su impacto va más allá. Desde el punto de vista de la gestión del ruido y la salud pública, esta metodología abre la puerta a estimaciones mucho más precisas del impacto sonoro que soporta una población en su vida cotidiana. Si hasta ahora los estudios de ruido se centraban en las viviendas, ahora se podrá considerar también cómo y por dónde se mueven los ciudadanos, reenfocando la mantera en que se integran los patrones de movilidad urbana en las políticas de planificación acústica. 

Esto permitiría, por ejemplo, diseñar rutas escolares o ciclistas que prioricen zonas menos ruidosas, reforzar áreas verdes como corredores de movilidad activa o evaluar el impacto real de nuevas infraestructuras sobre la salud acústica de la población. También puede contribuir a estudios epidemiológicos que analicen la relación entre ruido, estrés, sueño o enfermedades cardiovasculares. 

Madrid ha servido como ciudad piloto para validar el sistema, con resultados prometedores. La herramienta ha demostrado que es capaz de distinguir diferencias significativas de exposición entre rutas similares, y que incluso breves tramos ruidosos pueden elevar de forma notable la exposición global. En muchos casos, con solo modificar parte del trayecto, se consigue una mejora acústica relevante. 

Aunque todavía no está integrada en plataformas comerciales, la herramienta está preparada para dar ese paso. Su diseño modular y su uso de datos abiertos la hacen compatible con apps como Google Maps o Strava. ¿Te imaginas como nueva opción: “Ruta más silenciosa”? Una decisión que, en muchos casos, no implica perder tiempo, pero sí ganar en bienestar. 

Con esta metodología, la UPM no solo avanza en el conocimiento científico sobre la exposición al ruido, sino que pone sobre la mesa una herramienta práctica, escalable y con impacto directo en la calidad de vida urbana. Una innovación que convierte el silencio en un criterio de planificación. Porque, en una ciudad que suena constantemente, saber elegir la ruta más silenciosa puede marcar la diferencia. 

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