De Graham Bell al 5G: 150 años de la primera llamada telefónica

El 10 de marzo se cumplen 150 años de la primera conversación telefónica de la historia, realizada por Alexander Graham Bell. En este artículo, Antonio Pérez Yuste, profesor de la ETSIST, explica cómo este experimento, concebido para mejorar la telegrafía, dio origen al teléfono y a una industria que hoy ha evolucionado hacia los datos móviles, los smartphones y las redes 5G.

10.03.2026

Por Antonio Pérez Yuste *

 

 

El 10 de marzo se cumplen 150 años de la primera “transmisión de voz inteligible por un conductor eléctrico”. Así es como se refiere el Comité de Historia del Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) a la primera conversación telefónica de la historia, realizada en el ático del laboratorio de Alexander Graham Bell en Boston, Estados Unidos.

Aquella primera transmisión de voz por medios eléctricos no era, sin embargo, el objetivo de Bell. Su propósito era conseguir un sistema de “telegrafía armónica” que permitiera la transmisión simultánea de varias señales telegráficas a través de un único hilo conductor. De conseguirlo, permitiría aumentar la cantidad de información transmitida sin necesidad de modificar la infraestructura existente. Puede entenderse, entonces, que había mucho beneficio económico en juego y, por ende, mucho interés en salvaguardar el invento aprovechando la Ley de Patentes de 1870.

Para conseguir su propósito, Bell y su ayudante Thomas Watson, propusieron utilizar “señales ondulatorias” de corriente alterna (multi tono, diríamos hoy), en lugar de “señales pulsadas” de corriente continua (on-off, diríamos hoy). Pero como quiera que la voz no es otra cosa que la suma de muchas “señales ondulatorias”, resultó que un uso “marginal” del “telégrafo armónico” de Bell era la posibilidad de transmitir el habla humana.

Teléfono de pruebas HA100

Siglo y medio de telefonía

Aquello que en ese momento era secundario, cuando empezó a ser utilizado por los primeros usuarios, se convirtió en una extraordinaria herramienta de comunicación social: se podían dar instrucciones a distancia de forma no cualificada (no hacía falta saber Morse) y se podían entablar animadas conversaciones sin pensar en el coste por palabra (como ocurría con el telégrafo), con solo descolgar un auricular.

Al año de aquella primera transmisión de voz inteligible se fundó la “Bell Telephone Company”, a los dos años se instaló la primera centralita telefónica, y a los cuatro ya existían en los Estados Unidos más de 140 compañías telefónicas. Las primeras redes eran exclusivamente urbanas y el teléfono se empleaba para llamadas esporádicas y de corta duración.  El teléfono era, fundamentalmente, un equipo de consumo. Las transacciones mercantiles, operaciones de bolsa, crónicas de los periódicos, comunicaciones oficiales y, en fin, todo lo “verdaderamente serio” se seguía haciendo a través del telégrafo eléctrico, que era ya un sistema de telecomunicación de uso global y alcance internacional. De hecho, el teléfono no alcanzaría, de verdad, esa dimensión mundial y superaría definitivamente al telégrafo hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

José de la Peña, en su libro “Historias de las Telecomunicaciones” menciona una anécdota atribuída al famoso escritor Mark Twain quien, pese a ser uno de los primeros usuarios del teléfono de Bell e incluirlo en sus obras, lo repudiaba por su inutilidad. En una felicitación de Navidad, Twain deseaba “paz y prosperidad a todos los hombres de la Tierra, excepto al inventor del teléfono”.

Centralita manual 7002-C

El invento que inauguró las telecomunicaciones modernas

El teléfono fue la semilla de lo que ahora llamamos el mercado de las telecomunicaciones. Pero más allá de ello, no puede decirse que el teléfono provocara un cambio social profundo. La radiodifusión o la televisión tuvieron mayor protagonismo en ese aspecto. Sin embargo, el teléfono sí que ocasionó un impacto, aún hoy poco ponderado, sobre la incorporación de la mujer al mercado laboral a finales del siglo XIX. Se trató de una pequeña revolución silenciosa que, en el caso de España, ha sido bien documentada y puesta de relevancia por Begoña Villanueva García en sus trabajos de investigación.

El teléfono tradicional, es decir, el conectado a un par de cobre, alcanzó su cénit en 2005 con una penetración mundial de casi un 20%. A partir de ese momento, se ha producido un retroceso acelerado que hoy nos deja unos valores de mercado similares a los de 1980. El teléfono móvil, en otras latitudes llamado celular, ha destronado al teléfono fijo de forma apabullante. Lo superó, en penetración media mundial, en 2002, con la llegada de la tercera generación de telefonía móvil y la incorporación de los datos móviles al teléfono. Desde entonces, la telefonía móvil no ha parado de crecer hasta alcanzar, en nuestros días, una penetración superior al 100%.

La introducción del iPhone, por un lado, y del sistema operativo Android, por otro, en 2007-2008, convirtieron los “tele-phones” en “smart-phones”. Los aparatos de telefonía se convirtieron en plataformas digitales multimedia y multiuso. Valía más la pena tener una buena cámara en el teléfono que una buena señal de voz. Precisamente, la voz dejó de ser un objetivo en el diseño de las nuevas arquitecturas de telefonía móvil que empezaron a proponerse a partir de 2010. ¡Qué enorme paradoja! 150 años después de que Bell diseñara su aparato sin pensar en la transmisión de la voz, los sistemas de comunicaciones móviles modernos vuelven a marginarla de nuevo. Para Bell lo que importaba era la telegrafía. Para 5G, lo que importa, de verdad, son los datos.

* Antonio Pérez Yuste es profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería y Sistemas de Telecomunicación de la UPM

Fotografías del Museo de Telecomunicaciones (ETSIS de Telecomunicación), disponibles en la web del archivo digital de la UPM.